A veces,la filosofía, nos permite descubrir que ideas o conocimientos que creíamos del todo ciertos, no son más que puros prejuicios.

Por ejemplo, hace poco, leí un libro del conocido primetólogo Frans de Wall; El simio y el aprendiz de sushi; que no hace otra cosa que poner en duda la idea común a casi toda la humanidad de que el hombre es el único animal cultural.

En este libro, se rompen todos los esquemas en los que se afirmaba que el ser humano es el único ser capaz de razonar, que es cultural y transmite esta cultura a sus descendientes, que es capaz de crear arte, o que es el único que maneja herramientas que le hacen la vida más fácil o que solo el posee formas de organización política.

Así en el libro, se puede observar que otros animales distintos a nosotros si tienen cultura, y esta la transmiten a sus descendientes; dos ejemplos:

-La forma de utilizar determinado tipo de piedras(iguales que las que usan los humanos de la misma región de Guinea) para consegir abrir las nueces. Esta técnica se transmite de generación en generación de chimpancés y resulta difícil dominarla, por lo que se necesitan años de experiencia.(igual que los humanos necesitamos años para aprender ciertas técnicas que usamos habitualmente)

-El lavado con agua de mar de patatas que realizan ciertos macacos de Koshima y que se transmite de generación en generación, tras el primer descubrimiento realizado por una mona llamada Imo de esta tribú.

Todo esto, y muchos otros aspectos analizados por el autor de este libro, no hacen más que demostrar que el ser humano no es el único que tiene cultura. Si entendemos como cultura el conjunto de conociientos adquiridos en el seno de una sociedad; está claro que no somos el único animal cultural, otra cuestión será ya, que queramos admitirlo; pues es un duro golpe para este animal tan perfecto como es el hombre, afirmar que hay otros animales que se le parecen mucho más de lo que él pensaba o quería pensar.