A veces, pensamos que nuestras costumbres son lo normal, puesto que son con las hemos crecido. Pero no simplemente por ser las nuestras, son las mejores, las únicas válidas, o las únicas razonables. Las de otros pueblos, culturas o civilizaciones, son igualmente válidas y comprensibles; e incluso deberíamos ponernos en el lugar de los otros para entender sus hábitos y así, ademas de respetar sus ideas, juzgar las nuestras, que puede que a veces no resulten tan válidas.

Todo este rollo que escribo aquí, viene al caso de que la sociedad occidental actual, se cree superior al resto, porque considera que sus pueblos son los más civilizados, los mas razonables, los más democráticos, los mejores y que su cultura es única y por supuesto superior a las demás. Esta postura defendida por muchas personas es el etnocentrismo cultural.

Este etnocentrismo no nos conduce a ninguna parte, sólo a una serie de guerras y enfrentamientos absurdos, a una lucha constante entre culturas y nos condena a no entendernos jamás interculturalmente.

Avogar por una postura relativista cultural, significa intentar un diálogo entre culturas, que nos puede abrir muchos caminos e incluso hacernos más críticos con nosotros mismos, pues no todo lo que es occidental, sólo por ser occidental es bueno.

Al fin y al cabo el espíritu crítico nunca le hizo daño al hombre.